El ascensor español ya crece por el mantenimiento, no por la obra nueva
El sector facturó 3.611 millones en 2025. El crecimiento no vino de instalar ascensores nuevos, sino de mantener los que ya están puestos.
El sector del ascensor en España facturó 3.611 millones de euros en 2025, un 3,54% más que el año anterior. Récord. Pero el titular fácil, el del sector que no para de crecer, esconde de dónde viene ese crecimiento. Porque los ascensores nuevos instalados cayeron un 0,89% en unidades. El dinero entró por el otro lado del negocio: el de mantener y modernizar lo que ya está puesto.
Acaba de publicarse el informe económico 2025 de FEEDA, la patronal de las empresas de conservación. Y confirma, con sus propios números, algo que en el sector se lleva diciendo años: España dejó de vivir del ascensor que se instala para vivir del que ya está instalado.
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Los números de 2025, en corto
Facturación total del sector: 3.611 millones de euros, un +3,54%.
Parque instalado: 1.163.874 ascensores, un +1,48%. Seguimos siendo el país con más ascensores de Europa.
Postventa (mantenimiento y modernización): +4,90%. El motor del ejercicio.
Obra nueva: 449,5 millones de euros facturados, +1,11%.
Ascensores nuevos instalados: −0,89% en unidades.
Empleo: 20.770 profesionales, un +0,39%.
El contraste que importa: postventa +4,90%, obra nueva +1,11%
Ahí está toda la película. La postventa creció casi cinco puntos; la obra nueva, apenas uno. Y ese +1,11% de la obra nueva es de facturación, no de aparatos: se instalaron menos equipos (−0,89% en unidades) por algo más de euros. Más ingreso por menos ascensores es precio, no volumen. En la práctica, un segmento plano.
La postventa, en cambio, tira del sector entero. Y no es casualidad. FEEDA lo atribuye de forma explícita a “la consolidación de la nueva ITC de ascensores”. La norma que entró en vigor en julio de 2024 no va del ascensor que se fabrica hoy (ese ya nace cumpliendo), va de adaptar el que ya está puesto: comunicación bidireccional donde no la hay, accesibilidad, seguridad. Cada equipo antiguo que pasa una inspección es una lista de deberes con plazo. Y esos deberes se facturan como modernización y como mantenimiento, no como obra nueva.
Por qué la obra nueva se estabiliza
Porque el ascensor nuevo es, casi siempre, un edificio nuevo. La instalación de primera mano va pegada al ciclo de la vivienda terminada, y ese ciclo va con retardo: el ascensor se monta en el acabado, con año y medio o dos de desfase respecto a la licencia.
Y aquí conviene ser preciso, porque el matiz cambia la lectura. Lo que se ha movido no son los permisos, que están al alza: los visados de obra nueva subieron a 139.016 en 2025, un +8,8%, máximo desde 2008 (Ministerio de Transportes). Lo que se enfrió fueron las viviendas terminadas: unas 92.000, un 9% menos (Banco de España, Informe Anual 2025). El ascensor sigue a la vivienda terminada, no al visado.
De fondo, España no construye lo que necesita: unos 240.000 hogares nuevos al año frente a esas 92.000 viviendas terminadas, con un déficit acumulado desde 2021 de unas 750.000 (Banco de España). Ni el mejor año reciente lo arregla: 2024 cerró con 100.980 terminadas (Observatorio de Vivienda, MIVAU), apenas un 15% de las 658.510 del pico de 2006. Con suelo escaso y licencias lentas, no hay gasolina para un boom de obra nueva a corto plazo.
Si el negocio del ascensor dependiera de la grúa del promotor, esto sería una mala noticia. No depende.
El dinero vive del parque instalado
Los 1.163.874 equipos no solo crecen: envejecen. Cada año que pasa hay más ascensores que cruzan los 20, los 30, los 40 años. Y un parque viejo es, exactamente, el terreno de la modernización y el mantenimiento. Ese es el 98% del negocio que ya está en la calle, no el goteo que entra cada año.
Es la lectura que confirman los datos, y no es nueva: donde de verdad está el dinero es en el servicio recurrente, no en la venta del equipo. Lo admite, sin quererlo, hasta la propia CEO de Otis. A la ola de modernización que empuja la ITC se le suma otra puramente técnica sobre el mismo parque: el apagado del 2G y el 3G obliga a renovar la conectividad de decenas de miles de equipos, una decisión de compra que ya analicé en 2G, 3G o 4G. Y todos esos relojes los va disparando la inspección periódica, ascensor a ascensor, sobre el parque instalado. El calendario fino está en los plazos de la ITC AEM 1.
Si el valor está en la cartera de mantenimiento (renta recurrente sobre un parque que casi no se renueva), se entiende que la vía rápida de crecer para los grandes no sea captar contrato a contrato, sino comprar la cartera entera de otro. Por eso el sector no deja de concentrarse.
Qué significa para la conservadora
Si diriges una mantenedora, el dato de la obra nueva no te afecta tanto como parece. Tu crecimiento ya no lo trae el promotor con edificios nuevos. Lo traes tú, de tres formas:
Reteniendo cartera. El contrato de mantenimiento es renta recurrente y pegajosa. En un mercado donde entran menos equipos nuevos, quitarle contratos al de al lado pesa más que esperar obra nueva.
Vendiendo modernización sobre lo instalado. Cada ascensor que cumple años es un candidato: telealarma, accesibilidad, puertas, maniobra, conectividad. La ITC te da el argumento y el plazo. Es el +4,90% de la postventa, y ese sí puedes capturarlo.
Jugando la densidad de ruta. La geografía sigue mandando. El grueso del parque está muy concentrado en Cataluña, Madrid, Andalucía y la Comunitat Valenciana, y ahí es donde una hora de técnico rinde más. El reparto fino, provincia a provincia, lo tienes en el mapa de ascensores de España.
El negocio ya no está en la grúa
Que se instalen menos ascensores nuevos no es, en el fondo, una mala noticia para el sector. Es la señal de que madura: deja de depender del ladrillo y pasa a vivir del millón largo de equipos que ya están puestos y que hay que mantener conectados, seguros y al día. El parque crece más despacio y envejece. Y en este negocio, el viejo es el que paga las facturas.
El crecimiento del ascensor español ya no está en el que se instala. Está en el parque que hay que cuidar.
La pregunta que yo me haría al frente de una conservadora no es cuántos ascensores nuevos habrá el año que viene. Es cuántos de los que ya tengo en cartera van a necesitar una modernización antes de su próxima inspección. Ese número, y no el de las altas, es el que decide el ejercicio.
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